A veces lo defectuoso puede valer más que lo perfecto
A veces lo defectuoso puede valer más que lo perfecto Terminé de leer Tess d'Urberville de Thomas Hardy, una obra que si bien pude leerla en un par de sentadas, preferí hacerlo a sorbitos quizá por el dramatismo cautivador que la atraviesa; la narrativa plagada de ingeniosas referencias bíblicas que lejos de demeritarla redundan en su enriquecimiento; el proverbial tratamiento del amor por parte del autor; y la personificación de la virtud en Tess. Respecto a la protagonista, lejos de entristecerme me sanó su resignación frente al destino, su aversión hacia el peso que pueden representar las normas sociales sobre los hombros de las personas el cual termina por fatigar la parte más pura del corazón, y su facilidad para conmover al lector gracias a que su belleza física, fácil de imaginar, queda en segundo plano frente a la belleza integral de la que participa, una belleza dotada de sentimientos, ideas y valores, para los que la vida moderna, en contraste, no tiene cabida: Tess es ...