La plaza del Puerto Santo

La plaza del puerto Santo de Luisa Josefina Hernández


Terminé de leer La plaza de Puerto Santo de Luisa Josefina Hernández, una novela que relata la vida en un pueblo mexicano donde no pasa nada desde su fundación, un lugar en el que se respira el quietismo y una cierta reticencia al cambio, hasta que un día se ve transformada su realidad a partir de las reuniones nocturnas de un grupo de hombres en torno a la plaza principal. Si bien son los varones quienes en lo superficial reflejan el movimiento de la trama, las verdaderas protagonistas son las damas quienes en lo profundo les corresponde tejer los motivos que dan sentido a la novela. 

Dentro de sus peculiaridades guarda la de hacer una crítica hacia las mujeres desde un tono meramente machista y al provenir de una escritora no deja de producir una ligera sensación de rareza, aunque tras un somero análisis se entiende que al poner tantas quejas infundadas, infantiles e impúdicas, lo que espejea es la ridiculez en que caemos todos los hombres al momento de pronunciarlas por lo menos en algún momento de nuestras vidas y despierta una risa auténtica en las mujeres que tienen que toparse casi día con día con semejantes sinsentidos. Otro aspecto a considerar es el sentido del humor explícito en las descripciones, diálogos, y personajes, propios de la idiosincrasia de los pueblos, mas no con un talante burlón sino austero y franco, casi tierno y benevolente, en tanto que la novela tiende al drama y a la tragedia, y es que detrás de toda gran tragedia se esconde una pequeña comedia; sin descontar que la escritora proviene del antiguo Distrito Federal y de la Facultad de Filosofía y Letras, de modo que no puede desprenderse, por más que quiera, de sus prejuicios aunado a un sentimiento de superioridad que lamentablemente todos los chilangos comparten respecto a la 'provincia' porque a pesar de comprender y transparentar el _ethos_ de los pueblos lo que en el fondo habla es un cierto resentimiento de nunca alcanzar a mimetizarse completamente con sus costumbres. 

Es de admirar la fuerza de la autora para decir con tan pocas palabras un torrente de apreciaciones, descripciones y singularidades, sobre sus mismos personajes, los cuales están perfecta y claramente definidos, provocando sonoras carcajadas en el lector. Es un escrito bellamente redactado que despierta ganas de besar sus páginas. Asimismo, en la novela se retratan temas relacionados con las clases sociales y la política, como casi toda novela latinoamericana pero sin caer en un tono panfletario, y a partir de un marcado regionalismo -ya que uno puede sentirse transportado dentro de las casas de Puerto Santo, vagando por sus calles, sentado en una silla escuchando sus conversaciones- lejos de encapsular su propuesta lo que provoca es un marcado universalismo para el que los ideales y sentimientos humanos como la (in)justicia, la verdad, la paz, el ocio, el hastío, los chismes, y la soledad, encuentran un nítido reflejo en todos los tiempos, en todos los lugares, derribando la falsa idea de la 'provincia' tranquila e idílica para mostrar el infierno que, de a ratos, ahí se vive; porque como dijo Sartre «el infierno son los otros» . 

 

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