Yellowjackets o sobre el fracaso de una serie

Yellowjackets o sobre el fracaso de una serie 


Hay series que con el tiempo tienen que cambiar su planteamiento inicial, o en el desarrollo lógico de su propia trama se ven necesitadas de dar pasos cada vez más lejanos de su origen hasta que éste se difumina. Hay series que saben mantener la fuerza del principio hasta el final y en su transcurso tienen temporadas que son insufribles. Hablo concretamente de Dexter, Smallville y Breaking Bad, respectivamente. Pero no sé en dónde entraría lo que le está pasando a una serie que pasó de ser mi favorita a convertirse en algo aborrecible y desesperante, es decir, Yellowjackets. 

Yellowjackets comencé a verla de forma imprevista, ni siquiera creí que me fuese a gustar, y de hecho el primer capítulo y el segundo no fueron de mi mejor agrado, sin embargo fui paciente hasta que la serie se desplegó en toda su potencia para luego maravillarme, cautivarme y enloquecerme. Es una serie que trata acerca de un grupo de campeonas de futbol de secundaria que tras un accidente aéreo deben hacer cosas terribles para sobrevivir, paralelo a su historia en la actualidad ya como adultas narrando cómo tienen que lidiar con su difícil pasado. 

Me sentí plenamente identificado en el acontecimiento de cómo pasan de ser individuos inocentes a devenir en unas criminales, el desarrollo psicológico al estilo dostoievskiano en el que se escrutina su mente me pareció espléndido y la idea de aprender a lidiar con la propia oscuridad resultaba hasta sanador. En especial la primera temporada es la que engloba dichas cualidades, también la segunda, aunque con la tercera aparecen elementos nuevos que la alejan de su esencia o, tal vez, llegan hasta las últimas consecuencias de su planteamiento y posiblemente nunca vi venir esa parte; además, cabe señalar que la aparición de Elijah Wood interpretando a Walter a partir de la segunda entrega añadió un plus del que difícilmente me pude resistir con marcadas notas de intrepidez y, otras, ligeramente de nostalgia. 

El hecho de que la tercera temporada me esté produciendo antipatía y aversión es el cambio en la personalidad de Shauna-adolescente, la ausencia de Natalie-adulta, y *spoiler* la muerte de Lottie-adulta. Esto en cuanto al reparto y los personajes. Porque no es que me resulte repulsiva la renovada independencia y fuerza de Shauna-adolescente, de hecho, algo que me admira de la serie es la disposición de las chicas a ser como quieran ser, alejadas de la visión tradicional de la mujer como una persona sumisa, tierna, adorable, indefensa y dependiente, no, sino que se dejen dominar por sus pasiones, que hagan una apología de la violencia, y que lejos de centrarse en el grupo como un solo cuerpo tiendan a un marcado egoísmo. Una cosa es tener que hacer cosas horribles para tener que sobrevivir y otra muy distinta dar rienda suelta a la perversidad propiciada por un entorno desfavorable para la vida. Asimismo, entiendo las razones lógicas y simbólicas detrás del asesinato de Natalie-adulta, e, incluso, más allá de eso, en un principio asumí su muerte como un desacuerdo entre la actriz que la interpreta, Juliette Lewis, con los escritores y/o directores de la serie. Pero que tuviera que morir Lottie-adulta me resulta innecesario, en un sentido, y en el otro, como la anticipación de la muerte de cada una de las sobrevivientes en la actualidad hasta quedar solamente con Shauna-adulta, probablemente. 

Otro aspecto que me desagrada es la poca o nula aparición de la reina siervo en esta tercera entrega, como la representación del lado irracional, oscuro y dionisiaco, de la naturaleza. Pues la idea de una naturaleza oscura personificada en los actos horribles a las que se ven orilladas las protagonistas me seducía. El problema es que ahora la naturaleza oscura no se manifiesta en voces, en sensaciones, en un ello al que indiscriminadamente pueden acceder las sobrevivientes, sino en una interioridad inherente a las chicas lo que para mi gusto desvirtúa el sentido de la trama. Es como si quisieran plantear la idea de que ellas son malas cuando en realidad nunca se trató esa posibilidad, se sugería que existía algo así como el mal y que era algo propio del espacio, del lugar, del entorno al que se vieron destinadas a caer, y eso hacia la serie algo interesantísimo y original. Series con villanos o villanas hay muchas, pero pocas tratan el tema del espacio corrupto. 

Sin contar que el soundtrack de la primera temporada fue tan cuidadoso, tan acertado, tan insuperable, que fue uno de los elementos claves para que me enamorara la serie. Y para esta tercera temporada si dos o tres canciones me llegan son muchas. 

En este momento, a estas alturas, estoy casi tentado a dejar de ver la serie y no borrar la percepción inicial de una serie que se pudo convertir en una obra maestra autorreferencial, preservar ese recuerdo de algo que pudo ser absolutamente fantástico, atrevido y original, y no mancharlo con una imagen del cine o de las series prostituidas en los términos hollywodescos más comunes y corrientes, como básicamente lo es toda la industria cinematográfica estadounidese. 

 

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