Pasiones VII
Un apretón de manos, un gesto, una mirada, un momento. Cuánto valen para lo que poco tienen lo que con modestia y decoro a uno se le ofrece. Me consuela tanto sentir la mano de esta persona, y no puedo dejar de pensar en que no debería de obsesionarme. Las obsesiones no siempre son buenas, tanto para quien las profesa como para quien las sufre. Llegará el día en que encuentre la serenidad para aprender a aceptar lo que sea que ella me ofrece, quiero ser mejor persona para quienes me rodean y sobre todo para mí mismo. Su voz, su lenguaje corporal, me cautivan. Aunque el hecho de que me cautive no significa que su intención sea la de cautivarme, es mi deber aprender a distinguir entre la realidad y la imaginación. Una palabra, todo lo que dice una palabra, todas las interpretaciones que desgranan y florecen dependiendo del estado de ánimo del receptor, eso es lo que me mueve. Y por otro lado caigo en la razón. Las pasiones son pasiones porque no te das cuenta de su influjo, tú piensas que actúas coherentemente aunque habría que preguntarle a las personas que te rodean qué es lo que piensan. Hay algo también ahí y es que me gusta el estado de cosas actual, las razones de por qué me fijé en ella no tienen que ver con un acto consciente, fue ella, fue ella quien me prestó su computadora, fue ella quien me preguntó qué película habíamos visto, es ella quien me está saludando y abordando, quizás si las cosas funcionan será mientras ella tenga el control y no yo. Acaso lo esencial es el autocontrol. Mientras estoy en la institución, a veces siento celos de un maestro y también verlo cumple la función de un espejo, lo veo, intentando acercarse a la maestra que me gusta y que supongo cada día me gusta menos, y no dejo de pensar «¡vaya, así es como luzco» y me causa un poco de gracia y repelús al mismo tiempo. También sucede que no quiero entrar en prácticas que terminan por expresar una opresión y que son tan ominosas para quienes las sufren como para quienes las cometen, como es esta tonta idea de competir por una mujer. Las mujeres no son premios para competir por ellas, si hay alguien quien también está interesado en esta maestra ¡qué bueno! Qué intente lo que pueda, que la maestra ponga sus límites o que nos los ponga según lo que ella quiera y que sean felices, no puedo entrar en esa dinámica de intentar obligar a alguien a quererme, ya no. Sé que también hay que no alcanzo a controlar, a controlarme del todo y por un lado está bien que así sea, hago lo mejor que puedo y yo mismo estoy de testigo. ¿Cómo yo puedo aceptar que me gusta Vanessa y vivir en consonancia con esa emoción de enamoramiento pero aceptando la realidad de que no está interesada en mí de la misma manera en que yo estoy interesada por ella? O sea, algo me dijo Liza, mi amiga, el día de hoy, y es que aprender a amar significa soltar la certeza de que la otra persona me quiera, o le guste, o me vaya a engañar, o me mienta... y eso me rompió. Me doy cuenta que lo quería era certeza, y ya no la quiero. Pero estoy haciendo unos cursos de inteligencia emocional y me doy cuenta que vivo en absoluta desregularización emocional, no quiero seguir evitando lo que siento y la realidad es que sí me gusta, quiero aceptar lo que está pasando, y estar ahí, disfrutar esta locura momentánea mientras dura y actuar tan loco como la gente enamorada lo hace pero sin acosarla. No sé, es muy difícil, no quiero luchar contra la emoción pero las cosas no fueron tan claras como hubiera querido cuando me atreví a preguntar. Por otro lado, las cosas avanzan cuando no me lo propongo. Y el punto es, muy muy concretamente, que no quiero tener la certeza de que a Vanessa le guste, eso es tonto, pero quiero estar en paz conmigo mismo aceptando lo que estoy sintiendo sin que eso signifique acosarla. El día de ayer, no es por nada, me veía muy muy bien, y cuando terminé mi primera clase me la encontré inesperadamente y de frente, y me preguntó que cómo estaba pero la manera en que lo hizo fue como si me abordara y el tono fue un poco entre reproche y complicidad, después pasó un grupo de alumnas entre nosotros y me porte muy muy bien porque de una manera respetuosa la saludé y le pregunté como estaba y me fui, fue la mejor actitud que podía esperar de mí mismo. Después, me sentí bien, y fui a sala de firmas, por primera vez, la encontré a ella y a otros dos maestros, pasé al baño, los saludé y me fui, pero cuando me despedí de ella me dijo algo como «se me cuida mucho» y son dos gestos que anteriormente no tenía conmigo, me estaba intentando decir algo y ese algo es «la cosa está bien entre tú y yo», pero ese bien no quiere decir que sea un bien afectivo ni amoroso ni nada parecido. Y pude darme cuenta que puedo aprovechar ese sentimiento hasta donde yo quiera, siempre y cuando esté consciente de que es mi interpretación de los hechos y que en la realidad no está pasando absolutamente nada. Siento que me voy a volver un poco loco porque la verdad es que siento algo parecido al enamoramiento, algo que quizás nunca nunca sentí anteriormente. Me intento negar lo que está pasando pero me está comiendo y quiero vivir en paz con eso. Es como si de pronto ya no tuviera a donde hacerme, todos los caminos estuvieran cerrados y la única solución es la represión de las emociones o el ridículo del amor. Esto es algo que me empieza a comer, y ahora entiendo a Bruno cuando escribía que el cazador termina siendo cazado.
Comentarios
Publicar un comentario