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Vine a tierra caliente iluso de ti

creyendo como un religioso arrepentido

acerca de tu existencia, de la verdad

que tan sólo en tus ojos como violetas

se refleja, y no en las letras

ni tampoco en una reflexión o la razón

sino en una canción distante

en el atardecer de cara al cerro viejo

en cada misterio ora garza ora melón

entre el horno de piedra y la báscula.


Y me pregunto cómo o por qué con dolor

llenas esos costales sin fondo en cada mano

en vez de mostrarnos cariño dulcemente

purifica mis imperfecciones, sigue

sigue moldeándome a tu manera

hasta recuperar el sentido de un pacto 

el de una eternidad compartida en un comal.

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