Pasiones V

Había una frase que utilizaba mucho mi papa y que en realidad era de su director de tesis el Dr. Byron Parra la cual decía que "siempre ocurre lo que tiene que ocurrir y siempre ocurre lo mejor". Cómo no estar de acuerdo con esa maldita frase, no sólo porque concentra el conocimiento de Leibniz cuando afirma que vivimos en el mejor de los mundos posibles sino que encierra una enseñanza en torno a las pasiones. Esta frase dice que este no es tan sólo el único mundo posible. No digo que existan otros mundos, pues siendo honesto el tema de los multiversos me recuerda a la discusión sobre la existencia de los fantasmas o los aliens, pero sí es evidente a la razón que pudieron existir muchos otros mundos aparte del que habitamos y nos está tocando vivir en el único y mejor posible. Ahora bien, llevada esta idea al plano de las pasiones nos consuela porque de alguna forma se acerca al pensamiento estoico, tan de moda en estos días. Hay que aceptar lo que tenemos porque además es lo mejor que hay. Si el hubiera no existe es porque todo hubiera sido peor, hubiera sido malo para nosotros, como individuos o en relación a la especie, y quizás antes de apelar a la resignación habría que empezar por mejorar el entendimiento. Yo quería ayuda y la obtuve, y la sigo teniendo. Cada vez que pido ayuda la recibo. Conocer a esta persona me enseñó lo que tenía que saber justamente por el tiempo indicado, me enseñó que no puedo atribuirle mi felicidad a un ser externo, que si las cosas están bien tengo que aprender a disfrutar de ellas en vez de aspirar algo que no me conviene como una estúpida necesidad de autosabotaje. Cada cosa que a veces me molesta, o tonta o irritante que se pueda atravesar en mi camino está bien que sea así porque es lo que da sentido a las cosas que me hacen feliz, son los contrastes sin los que la alegría dejaría de ser alegría y se convertiría en normalidad. Resulta maravilloso cómo la naturaleza se encarga de procurarnos a cada instante quizás no lo que queremos pero sí lo que necesitamos. En ese sentido, quizás seríamos mejores alumnos si aprendiéramos de la naturaleza y no de la cultura como tanto nos hemos venido aferrando, aunque dejar atrás la música, el arte, la filosofía y la literatura también sería una vida casi animal... las pasiones, qué son las pasiones, qué se puede decir de las pasiones que no se haya dicho ya. Las pasiones educan, aunque nunca en el momento, sino que su doctrina viene con la calma, de ahí que la tranquilidad y la intranquilidad, el descontrol y el autocontrol sean dos caras de la misma moneda, se necesitan tanto que son incluso una y la misma cosa. Con la escritura todo es más claro, mucho más prístino, los colores lucen distintos, las distancias son redimensionadas en su justa medida, el espacio se percibe y es puesto con mayor abertura, y el pensamiento es tan preciso y filoso como una navaja. ¡Dios! ¡¿Es que de cuándo acá tuvimos que pedirle permiso a alguien para ponernos a escribir y crear?! ¿No es como decía María Antonia de sospechar que el Estado nos dé licencia para filosofar? Uno no necesita que la academia le diga cuándo, cómo, qué y para qué escribir, eso es patético hasta para uno mismo, ni que un montón de exquisitos le digan cómo se tiene que escribir y cuáles son las técnicas que uno tiene que aprender previo al acto de creación. Esa es la falsa arrogancia de los que defienden el canon que desde hoy y para siempre ya les está vedado incluso a ellos, pero que deben defender porque si bien paradójicamente están al fondo de la opresión encuentran más fácil justificar el estado de cosas que exigir un cambio o intentar ellos algo por su cuenta. Y que no sólo permea el ámbito de la escritura y la literatura sino de las humanidades en general. Uno puede amar la filosofía y sin embargo odiar a los filósofos, con su estúpida necesidad de decir algo siempre en un doble sentido o en forma de concepto que se desgrana e invita a ir más allá, por su necesidad de querer que el lenguaje sea algo difícil, porque aprender a decir las cosas simple y llanamente es un golpe terrible a su ego, a lo poco que son. ¿O no es verdad que si los filósofos son tan selectos es porque de entrada ya saben que a nadie, absolutamente a nadie le importa una mierda lo que tengan que decir? Es su forma de invertir los papeles y de decir ¡No! ¡Tú no puedes entrar si no sabes geometría! Porque al final si la filosofía es para pocos no es porque sea difícil sino porque hay otras cosas como la política, la moral o el arte que son infinitamente más interesantes y arrastran a todas las mujeres y los hombres por igual, a la filosofía llegamos muy pocos y en vez de aprender a decir las cosas llanamente preferimos aburrir a los pocos que están interesados en escucharnos con tanto academicismo, la filosofía es para todos y hay que aprender a aceptar la manera en que a veces, por ejemplo, los jóvenes dicen con sus propias palabras lo que otras y otros grandes autores están diciendo, nuestra labor no es la de cerrar puertas sino la de abrirlas. Así pasa lo mismo con la escritura. La necesidad de contar una historia, la necesidad de nombrar las cosas, la necesidad entender es tan primitiva y tan humana que no se puede subsumir a la lógica del Estado, la academia o el capital ¿qué importa si lo que uno pinta o lo que uno escribe o la manera en que se es y hace de su ser un acto de creación, cuando deja de preguntarse quién soy y se empieza a preguntar de qué soy capaz, cuando se pregunta acerca de su potencia y de su fuerza, no se puede cuantificar ni monetizar? No por eso se deja de escribir, no por eso se deja de tocar, de hacer cine, porque no hay ni buen ni mal cine, el arte como producto de la naturaleza también tiene en sí una reminiscencia de unidad, todo es lo mismo. 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Beat a los 32 años

Pasiones VII

Pasiones VI