Pasiones XIII
No hay mal que por bien no venga, y en este periodo de (des)enamoramiento en el que me encuentro saco algo valioso que no vi durante tantos años: tengo una tendencia a sabotear mi felicidad a partir del enamoramiento. Me pasó con Jahzibe, con Romy, Al y me está pasando con Vanessa. No se trata tanto de si las relaciones funcionan o no funcionan, qué vínculo tengo con estas personas, que claro que es importante, sino que lo esencial es este ejercicio de depositar mi voluntad en alguien más. En vez de aceptar que las cosas van bien porque yo estoy haciendo las cosas bien, con ayuda de las personas que están detrás de mí ayudándome a actuar, lo que hago es darle esa potencia a alguien más. Y apenas me recupero vuelvo a caer en ese loop. A lo largo del día me sentí solo, y fue algo que se dio a partir de un no sé qué que me dijo cómo actuar. Recuerdo que mis primeras reacciones frente al rechazo fueron el asco, matizado en sus posibilidades como la contención, la evasión o el distanciamiento. Y hoy, hoy quién sabe. No quise pasar a sala de firmas, el lunes fui como tres veces y cuando vi al maestro que es amigo de la maestra, lo vi con una tristeza y una cara que me hizo darme cuenta de cómo luzco y ya no volví más en toda la semana. No pasé a sala de firmas, fui a checar a dirección. Al llegar al salón no había nadie y se apareció la maestra Blanca, platiqué un poquito con ella y cuando parecía que nos íbamos ir juntos a ver el concurso de disfraces algo en mí no quiso ir a pesar de que ya tenía el maletín en la mano. Luego Liza me dijo que fuera y le dije que no. Liza se quiso acercar a mí, y creo que fui distante. Algo en mí me orilla a esta soledad, para escucharme, para prestarme atención. Es en medio de esta soledad que me doy cuenta de lo importante que es para mí escribir. Necesito escribir porque una parte de mi salud mental y emocional depende de ello. Si leer es aprender a habitar la propia soledad entonces la escritura es la climatización del espacio aislado. Quien no aprende a regular su insulación por medio de los ejercicios del lenguaje, se encuentra expuesto a las ráfagas que los vientos de la cultura y la política traen consigo en la época contemporánea. Después de sentirme solo como una papa, sentí mucho enojo. Un terrible coraje, supongo que ahora ya no lo siento. Hablo con la verdad cuando digo que me carcomía. Media cuartilla y me siento como nuevo, renovado. Estaba viendo qué significa mi nombre y qué simboliza el color verde, es no sé, algo que me recuerda a los horóscopos, las suertes de los pajarillos u otras cosas de esa índole. En fin, estaba viendo qué significa y significa renovación. A veces pienso que mi apellido debería ser Impredecible, porque todo se me acomoda, ni yo mismo sé cuál es mi próximo movimiento, aún cuando sea absolutamente incoherente o contradictorio con el anterior lo hago porque quizás me pude equivocar. En todo caso tiene mucho sentido que me llame Javier, tengo en mí la virtud para empezar cuantas veces sea necesario. Ahora bien, la cuestión con el color verde es que simboliza muchas cosas bellas y hermosas, empezando por la naturaleza. ¿No es estúpido querer sentirse solo sabiendo que uno está dentro, rodeado y es la naturaleza? Es como intentar caerse de una montaña, es imposible, o algo así decía Jack Kerouac. Bueno bueno, el verde simboliza naturaleza, renovación y paz mental. Dios, ¿acaso otro color más bello podía tener esas características? Y claro, el verde tiene sus asegunes. Puede simbolizar veneno o celos. Y sé a qué se puede referir todo eso. Uno solamente aprende a ser integral luego de ser una mierda, intentar matar a su novia, mentir y golpear, porque solamente así su decisión es libre. ¿Cuántas personas que aparentemente son buenas cuando son llevadas a sus límites se dan cuenta que en realidad sí les complace el poder, la dominación y lo que algunos filósofos llaman mal? Platón decía que nadie que conozca realmente el bien supremo puede conformarse con otra clase de bien, y lo que yo digo es que muchos son buenos hasta que conocen el mal y descubren su propia naturaleza. En cambio yo, no sé, reconozco que el mal tiene su poder, no podría hablar jamás de potencia ni mucho menos de fuerza, pero el mal encarna un poder que claro que es necesario, si no uno jamás aprende a avanzar, la cuestión es nunca negarlo pero siempre desear y preferir el bien. Ser integral es saber que existe el bien y el mal y preferir el bien porque realmente te das cuenta que así debe ser, que uno puede querer lo que debe hacer, que no se le dan premios a quienes se esfuerzan sino tan sólo a los esclavos y que la vida es más hermosa cuando intentas no dañar a nadie. Por eso el verde como cualquier otro color tiene esa ambivalencia, y quizás ni siquiera es que la tenga de por sí, es nuestra percepción del mundo la que ve las cosas siempre repartidas a dos cuando la realidad quien sabe cuál sea. Hay que construir, hay que destruir y luego renovar, para eso se necesita de los demás. Y en ocasiones, la soledad es ese momento donde uno se puede escuchar y darse ánimos para seguir adelante y volverlo a intentar, cuantas veces sea necesario.
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